Historiador Ariel Toaff explica su escandaloso libro "Pascua de Sangre", en cual afirmó que los judíos de Trento habían asesinado al niño Simonino
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Ariel Toaff

Toaff lucha por su buen nombre

PUBLISHED IN |  Mar 14, 07

Durante las dos semanas pasadas el catedrático Ariel Toaff ha utilizado, más de una vez, una declaración que es atribuida a Alfred Dreyfus. “El dinero no me importa, dijo el oficial francés de origen judío, pero que alguien cuestione mi buen nombre se lleve todo lo que tengo.” Y es por este buen nombre, por su reputación profesional, por lo que Toaff planea luchar ahora. Quiere seguir ligado a la investigación histórica, enseñar y publicar. Tampoco se opone a ser castigado relativamente, pero ahora siente que el castigo es injusto y excesivo.

De hecho, Toaff no entiende completamente como se desencadenó todo este asunto. Comenzó durante el día de la publicación de su libro, el 8 de febrero, con una reseña del historiador Sergio Luzzatto en el Corriere della Sera, principal diario italiano. Este fue el principio del malentendido. Luzzatto elogió el libro como un trabajo histórico muy importante, y escribió que Toaff presentaba la posibilidad de que los judíos de Trento, en efecto, habían asesinado al niño Simonino. Sin embargo, según Toaff, Luzzatto simplemente no entendió el libro.

La bola de nieve comenzó a coger velocidad. Un grupo numeroso de rabinos italianos – entre ellos el padre del investigador, Elio Toaff – publicó una dura condena del libro y rechazó completamente sus conclusiones. Los rabinos, que no lo habían leído, ayudaron a crear un sentimiento “de unión” en los medios italianos e israelíes, y presentaron a Ariel Toaff como un tipo engañoso e ingenuo, por no mencionar antisemítico.

Toaff solamente ha sido capaz de explicar este ataque citando el miedo judío al antisemitismo, como si los judíos quisieran decirle: ¿incluso si todo lo qué usted asegura es verdadero, por qué entrar ahora en ello? Pero Toaff pensó, y todavía piensa, que de esa manera y con esa modo de pensar, es imposible conducir una investigación histórica.

Mientras llegó una larga serie de artículos escritos por historiadores no judíos, algunos de ellos grandes expertos, como el catedrático Diego Quaglioni. Todos ellos atacaron severamente el libro, su metodología defectuosa y la vía por la cual se sacaron sus conclusiones. Esto, por supuesto, no podía ser explicado por Toaff como resultado del miedo al antisemitismo, sino simplemente, como “instinto de manada” y una carencia de los escritores no judíos de conocimiento de la lengua hebrea. Después de todo, Toaff entiende las palabras hebreas que los acusados de Trento dijeron durante el curso de su proceso. ¿En fin, cómo pueden historiadores que no hablan hebreo comprender su significado, así como la base para ello?

A la defensiva

Simonino de Trento

Simonino de Trento

El resultado de todo esto consistió en que Toaff fue transformado en un imbécil, en un judío preso del autoodio y en alguien que ha reanimado el histórico libelo de sangre que ha acompañado a su comunidad y a todo el pueblo judío durante cientos de años. Sin embargo, esto no era lo que él quería. La última cosa que quiso fue poner munición en las manos de los antisemitas, de la Iglesia o de otras partes. La única razón por la que puede dormir por la noche es que sabe que esa no fue su intención.

Ahora Toaff está a la defensiva. No está interesado en ser entrevistado por los medios, porque deforman lo que dice. No, él responderá de forma profesional, como conviene a su estatus de jefe de departamento en la Universidad de Bar-Ilan, y allí explicará, en muchas páginas, con la utilización de citas de las fuentes, lo que realmente quiso comunicar. Su preocupación fundamental es la violencia religiosa verbal, que puede conducir a consecuencias destructivas. Este es la esencia del asunto – no Simonino o el uso de la sangre para ungüentos o alimentos. Todo lo que Toaff quiso hacer es advertir de la posibilidad de que elementos extremistas dentro del judaísmo deformarán la intención original y crearán una atmósfera que finalmente revertería la destrucción sobre ellos mismos.

Quizás esto está más relacionado con el presente que con el pasado. Entonces, hace 500 años – Toaff lo cree así -, los judíos no asesinaron a Simonino, como tampoco asesinaron a ningún otro niño. Ellos ciertamente no lo asesinaron a fin de utilizar su sangre en un ritual de la Pascua judía, ya que en efecto, si hubiera habido el uso de un poco de sangre, era la sangre de gente viva y sin resistencia por su parte. Pero cuando mira a su alrededor hoy, ve elementos judíos extremistas que deforman el espíritu de judaísmo, con maldiciones y tentativas de excomunión, y esto, en su opinión, podría terminar mal. Como, por ejemplo, en los casos del pulsa denura (maldición mortal cabalística), en ceremonias que estuvieron como trasfondo del asesinato de Yitzhak Rabin por Yigal Amir, o el comportamiento intolerante hacia Yonatan Bassi, judío él mismo de origen italiano.

Las acusaciones de avaricia o deseo irrefrenable de fama como causas del affaire divierten a Toaff. Así como que este es un caso clásico de autoodio judío, que le ha llevado a reconocer lo que la Iglesia Católica ha olvidado hace mucho tiempo. Son menos divertidas las suposiciones sobre el estado de su relación con su padre, Elio, antaño rabino principal de Roma y el judío más famoso de Italia. Ariel había querido dedicar el libro a su padre, pero su padre no estuvo implicado en su preparación. Ahora ellos hablarán de nuevo y Ariel Toaff espera poder ir a verlo para poner fin a este asunto.