Toaff lucha por su buen nombre
Durante las dos semanas pasadas el catedrático Ariel Toaff ha utilizado, más de una vez, una declaración que es atribuida a Alfred Dreyfus. “El dinero no me importa, dijo el oficial francés de origen judÃo, pero que alguien cuestione mi buen nombre se lleve todo lo que tengo.” Y es por este buen nombre, por su reputación profesional, por lo que Toaff planea luchar ahora. Quiere seguir ligado a la investigación histórica, enseñar y publicar. Tampoco se opone a ser castigado relativamente, pero ahora siente que el castigo es injusto y excesivo.
De hecho, Toaff no entiende completamente como se desencadenó todo este asunto. Comenzó durante el dÃa de la publicación de su libro, el 8 de febrero, con una reseña del historiador Sergio Luzzatto en el Corriere della Sera, principal diario italiano. Este fue el principio del malentendido. Luzzatto elogió el libro como un trabajo histórico muy importante, y escribió que Toaff presentaba la posibilidad de que los judÃos de Trento, en efecto, habÃan asesinado al niño Simonino. Sin embargo, según Toaff, Luzzatto simplemente no entendió el libro.
La bola de nieve comenzó a coger velocidad. Un grupo numeroso de rabinos italianos – entre ellos el padre del investigador, Elio Toaff – publicó una dura condena del libro y rechazó completamente sus conclusiones. Los rabinos, que no lo habÃan leÃdo, ayudaron a crear un sentimiento “de unión” en los medios italianos e israelÃes, y presentaron a Ariel Toaff como un tipo engañoso e ingenuo, por no mencionar antisemÃtico.
Toaff solamente ha sido capaz de explicar este ataque citando el miedo judÃo al antisemitismo, como si los judÃos quisieran decirle: ¿incluso si todo lo qué usted asegura es verdadero, por qué entrar ahora en ello? Pero Toaff pensó, y todavÃa piensa, que de esa manera y con esa modo de pensar, es imposible conducir una investigación histórica.
Mientras llegó una larga serie de artÃculos escritos por historiadores no judÃos, algunos de ellos grandes expertos, como el catedrático Diego Quaglioni. Todos ellos atacaron severamente el libro, su metodologÃa defectuosa y la vÃa por la cual se sacaron sus conclusiones. Esto, por supuesto, no podÃa ser explicado por Toaff como resultado del miedo al antisemitismo, sino simplemente, como “instinto de manada” y una carencia de los escritores no judÃos de conocimiento de la lengua hebrea. Después de todo, Toaff entiende las palabras hebreas que los acusados de Trento dijeron durante el curso de su proceso. ¿En fin, cómo pueden historiadores que no hablan hebreo comprender su significado, asà como la base para ello?
A la defensiva

Simonino de Trento
El resultado de todo esto consistió en que Toaff fue transformado en un imbécil, en un judÃo preso del autoodio y en alguien que ha reanimado el histórico libelo de sangre que ha acompañado a su comunidad y a todo el pueblo judÃo durante cientos de años. Sin embargo, esto no era lo que él querÃa. La última cosa que quiso fue poner munición en las manos de los antisemitas, de la Iglesia o de otras partes. La única razón por la que puede dormir por la noche es que sabe que esa no fue su intención.
Ahora Toaff está a la defensiva. No está interesado en ser entrevistado por los medios, porque deforman lo que dice. No, él responderá de forma profesional, como conviene a su estatus de jefe de departamento en la Universidad de Bar-Ilan, y allà explicará, en muchas páginas, con la utilización de citas de las fuentes, lo que realmente quiso comunicar. Su preocupación fundamental es la violencia religiosa verbal, que puede conducir a consecuencias destructivas. Este es la esencia del asunto – no Simonino o el uso de la sangre para ungüentos o alimentos. Todo lo que Toaff quiso hacer es advertir de la posibilidad de que elementos extremistas dentro del judaÃsmo deformarán la intención original y crearán una atmósfera que finalmente reverterÃa la destrucción sobre ellos mismos.
Quizás esto está más relacionado con el presente que con el pasado. Entonces, hace 500 años – Toaff lo cree asà -, los judÃos no asesinaron a Simonino, como tampoco asesinaron a ningún otro niño. Ellos ciertamente no lo asesinaron a fin de utilizar su sangre en un ritual de la Pascua judÃa, ya que en efecto, si hubiera habido el uso de un poco de sangre, era la sangre de gente viva y sin resistencia por su parte. Pero cuando mira a su alrededor hoy, ve elementos judÃos extremistas que deforman el espÃritu de judaÃsmo, con maldiciones y tentativas de excomunión, y esto, en su opinión, podrÃa terminar mal. Como, por ejemplo, en los casos del pulsa denura (maldición mortal cabalÃstica), en ceremonias que estuvieron como trasfondo del asesinato de Yitzhak Rabin por Yigal Amir, o el comportamiento intolerante hacia Yonatan Bassi, judÃo él mismo de origen italiano.
Las acusaciones de avaricia o deseo irrefrenable de fama como causas del affaire divierten a Toaff. Asà como que este es un caso clásico de autoodio judÃo, que le ha llevado a reconocer lo que la Iglesia Católica ha olvidado hace mucho tiempo. Son menos divertidas las suposiciones sobre el estado de su relación con su padre, Elio, antaño rabino principal de Roma y el judÃo más famoso de Italia. Ariel habÃa querido dedicar el libro a su padre, pero su padre no estuvo implicado en su preparación. Ahora ellos hablarán de nuevo y Ariel Toaff espera poder ir a verlo para poner fin a este asunto.